La ciencia también tiene género: una deuda histórica con las mujeres, a propósito de las mujeres y sus aportaciones a la ciencia
Redacción
2026-02-26 13:31
La baja representación de mujeres en ciencia responde a desigualdades estructurales que limitan su reconocimiento, afectando la diversidad y calidad del conocimiento
El papel de las mujeres en la ciencia hoy y siempre ha resultado imprescindible para el desarrollo de la humanidad; sin embargo y a pesar de la contemporaneidad, sigue siendo subestimado, invisibilizado y muchas veces lastimosamente obstaculizado por estructuras históricas que aún no se han desmontado del todo. Y es que no se trata solo de “incluir” mujeres en un sistema ya dado, sino más bien de reconocer que sin su plena participación la propia ciencia pierde calidad, creatividad y justicia social
Con el paso de los tiempos la ciencia se ha construido bajo el mito de la neutralidad, se presenta como un campo meritocrático donde las ideas valen por sí mismas y el talento florece sin distinción; sin embargo, los datos muestran otra cosa: en muchas áreas las mujeres obtienen cerca de la mitad de los doctorados, e innovan al mismo nivel que sus colegas varones, no obstante, la brecha aparece cuando se trata de reconocimiento, poder y permanencia en la carrera; desde una perspectiva feminista, esta narrativa oculta una realidad persistente: la infrarrepresentación estructural de las mujeres en la producción de conocimiento científico no es una casualidad ni un “rezago cultural”, sino el resultado de relaciones históricas de poder.
Durante siglos, las mujeres fueron excluidas formalmente de universidades y academias científicas. Basta recordar el caso de Marie Curie, cuya trayectoria estuvo marcada por obstáculos institucionales pese a su indiscutible genialidad, o el de Rosalind Franklin, cuyo aporte fundamental al descubrimiento de la estructura del ADN fue invisibilizado en favor de sus colegas varones. Estos ejemplos no son anécdotas aisladas, sino síntomas de un sistema científico que históricamente ha privilegiado la autoría masculina y ha relegado a las mujeres a posiciones secundarias.
Desde el feminismo, autoras como Sandra Harding han cuestionado la idea de una ciencia objetiva desligada de las condiciones sociales de producción. Harding propone el concepto de “objetividad fuerte”, que reconoce que todo conocimiento está situado. Esto implica admitir que la exclusión de mujeres y otras identidades no hegemónicas no solo es una injusticia laboral, sino una pérdida epistemológica: cuando ciertos sujetos quedan fuera, también se empobrecen las preguntas, los métodos y los enfoques.
La infrarrepresentación actual no se explica únicamente por la “falta de interés” de las niñas en las áreas STEM por sus siglas en inglés, es el acrónimo de los términos en Science, Technology, Engineering and Mathematics (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), dicha explicación individualiza un problema estructural. Desde temprana edad, los procesos de socialización refuerzan estereotipos de género que asocian la racionalidad, la tecnología y la autoridad científica con lo masculino. A esto se suman brechas salariales, techos de cristal, menor acceso a financiamiento y mayores cargas de trabajo doméstico y de cuidados, que siguen recayendo desproporcionadamente sobre las mujeres. El resultado es una “tubería que gotea” en la carrera científica: muchas ingresan a licenciaturas, pero pocas alcanzan posiciones de liderazgo.
El problema no se resuelve únicamente con aumentar el número de mujeres en laboratorios o puestos directivos, sino en transformar las lógicas institucionales que reproducen jerarquías de género. La ciencia no pierde rigor cuando se feminiza, por el contrario, gana complejidad, pluralidad y justicia epistémica. Reconocer la infrarrepresentación de las mujeres en la ciencia no es un gesto ideológico, sino un acto de honestidad histórica.
Autora: Sandra Flores Guevara
Profesora investigadora del área académica de comunicación ICSHu-UAEH
