Sembrar esperanza en la sierra hidalguense: mujeres, tierra y futuro en la región Otomí-Tepehua
Por Otilio Arturo Acevedo Sandoval, director de la Escuela Superior de Tlahuelilpan
Fotografía: Cortesía
En la región Otomí-Tepehua de Hidalgo, donde la neblina baja temprano, la tierra se trabaja con las manos y la memoria, la agricultura no es solo una actividad económica: es una forma de resistir. Aquí, sembrar maíz, frijol o café sigue siendo un acto profundamente humano, cargado de historia, identidad y esperanza, aun en medio de la pobreza que marca la vida cotidiana de muchas comunidades.
La sierra es generosa, pero también exigente. Durante décadas, el abandono institucional, la marginación y la migración han dejado huellas profundas: suelos degradados, cosechas cada vez más frágiles y familias que luchan por asegurar el alimento diario. En este contexto, hablar de soberanía alimentaria no es una consigna técnica, sino una urgencia vital.
Cuando la tierra se cansa, el pueblo también. La pobreza en la región Otomí-Tepehua no siempre se mide en números; se siente en los platos incompletos, en los niños que acompañan a sus padres al campo en lugar de asistir a la escuela, en las mujeres que estiran los alimentos para que alcancen para todos. La agricultura convencional, dependiente de insumos externos y ajena al equilibrio natural, ha contribuido al desgaste de los suelos y al aumento de la vulnerabilidad alimentaria.
Sin embargo, en medio de este panorama, algo está cambiando.
Agricultura regenerativa: volver a escuchar a la tierra
La agricultura regenerativa está emergiendo como una respuesta profundamente arraigada al territorio. No se trata solo de producir alimentos, sino de sanar la tierra mientras se alimenta a la comunidad. Recuperar semillas nativas, diversificar cultivos, respetar los ciclos naturales y devolver vida al suelo son prácticas que dialogan con los saberes ancestrales de los pueblos originarios.
En la sierra, regenerar el campo es también regenerar la dignidad. Cada parcela que vuelve a ser fértil representa menos dependencia externa y mayor autonomía. Cada cosecha diversa significa una mesa más abundante y una familia con mayor seguridad alimentaria.
Soberanía alimentaria: el derecho a decidir qué sembrar y qué comer
Para las comunidades Otomí-Tepehua, la soberanía alimentaria implica recuperar la capacidad de decidir. Decidir qué se siembra, cómo se cultiva y para quién se produce. Es la defensa del maíz criollo frente a las semillas comerciales; es el trueque local frente al mercado impuesto; es el conocimiento heredado frente a la imposición externa.
Cuando una comunidad controla su alimentación, reduce su pobreza estructural, fortalece su economía local y protege su cultura. La soberanía alimentaria no promete riqueza inmediata, pero sí algo más profundo: seguridad, identidad y futuro.
Las mujeres: guardianas de la semilla y del hogar
En este proceso, las mujeres ocupan un lugar central. Son ellas quienes cuidan los huertos, conservan las semillas, preparan los alimentos y transmiten el conocimiento agrícola de generación en generación. Con frecuencia realizan estas labores sin reconocimiento, cargando una doble y triple jornada: en el campo, en el hogar y en la comunidad.
Cuando una mujer participa en proyectos de agricultura regenerativa, no solo mejora la producción; también transforma su entorno. Gana voz en la toma de decisiones, fortalece su autonomía económica y se convierte en referente para otras mujeres y niñas. En cada semilla que guarda, guarda también el futuro de su comunidad.
Sembrar hoy para no emigrar mañana
En la región Otomí-Tepehua, apostar por la agricultura regenerativa y la soberanía alimentaria es apostar por quedarse. Es ofrecer a las nuevas generaciones la posibilidad de construir un proyecto de vida en su propia tierra, sin verse obligadas a migrar por hambre o falta de oportunidades.
Aquí, cada milpa regenerada es un acto de resistencia. Cada mujer que lidera un huerto comunitario es una voz que se levanta. Cada plato servido con alimentos locales es una victoria silenciosa frente a la pobreza. Porque sembrar no es solo producir alimento: es sembrar esperanza.