Revista Gaceta UAEH

Gol pierde: fútbol, arte y memoria


Por Alejandra Zamora Canales
Fotografía: Alejandra Zamora Canales y Cortesía


Gol pierde: fútbol, arte y memoria

En el Instituto de Artes (IA) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), un grupo de estudiantes decidió tomar una emoción compartida por millones y ponerla frente a una herida abierta del país. Así nació una propuesta que plantea una pregunta incómoda: ¿qué sucede cuando el juego se cruza con la ausencia?

Gol Pierde no se limita a mostrar una obra, se construye como una experiencia participativa, en la cual se incorporan elementos del balompié como: balones, porterías y la dinámica del juego para brindar una experiencia en donde el público se acerca, sin saber del todo qué está viendo o con qué está interactuando y, de pronto, descubre que el balón que pateaba llevaba fichas de búsqueda de personas desaparecidas. Esa revelación cambia todo.

Ymir Escorcia Luqueño, Akemmy Ramirez Hernández, Daniela Guerrero Jiménez y José Alfredo Blancas Gómez, integrantes del Seminario de Arte Contemporáneo, impartido por el docente Juan Carlos Franco Rodríguez, desarrollaron una pieza donde el fútbol funciona como punto de encuentro entre la creación artística y la reflexión social.

El fútbol, ese lenguaje común que convoca pasiones, identidad y conversación, fue el punto de partida. Pero las y los estudiantes Garza no quisieron quedarse en la celebración ni en la lógica del triunfo. Transformaron el deporte en una plataforma para hablar sobre la desaparición de personas, la memoria y el dolor. En su propuesta, aquello que normalmente une y entusiasma se vuelve una imagen crítica, capaz de obligar al público a detenerse y mirar de frente a una realidad que se ha distorsionado hasta el punto de convertir la memoria de quienes faltan en “paisaje urbano”.



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El juego deja de ser juego y la imagen se vuelve una huella, una señal y un símbolo de lo que sigue sin resolverse.



Las bolsas utilizadas como porterías representan simbólicamente la violencia y la ausencia que rodean muchos casos de personas desaparecidas, quienes las sostienen representan a las madres buscadoras y a quienes mantienen viva la búsqueda. Mientras que los balones fueron recubiertos con los carteles de personas desaparecidas en la entidad entre los años 2025 y 2026.

Durante la intervención, muchas personas comenzaron a jugar sin conocer el significado de los objetos con los que interactuaban, sin embargo, al descubrir los rostros y nombres en las fichas, apareció la incomodidad. La respuesta del público era clave para darle sentido a la pieza, ya que se concibió como un happening, es decir, una acción artística abierta y sin guion que busca la reacción del público para darle sentido a la obra.





La idea surgió durante la etapa de desarrollo, cuando el grupo estudiantil observó cómo las fichas suelen formar parte de calles, postes y espacios públicos, pero con frecuencia las personas dejan de detenerse ante ellas, convirtiendo a una imagen, un rostro o un nombre en un elemento más del entorno, perdiendo de vista la historia que existe detrás.

Si bien, no existía una respuesta predeterminada: algunas personas continuaban con la dinámica del juego sin cuestionar nada, mientras que otras se detuvieron, leyeron los carteles y reaccionaron con sorpresa, incomodidad o silencio al comprender que estaban interactuando con balones intervenidos con los rostros en búsqueda de infancias, adolescencias y personas adultas.

Para Franco Rodríguez, esta característica pertenece a una de las posibilidades más importantes del arte contemporáneo: crear experiencias donde el espectador deja de ser únicamente alguien que observa. La obra ocurre en el encuentro entre la pieza y quien se acerca a ella, por eso las reacciones del público completan el significado.



“Seamos honestos, cuántos de nosotros vamos por la calle, vemos una ficha y no nos molestamos en pensar: ‘Oye, si he visto a esta persona’. Ya ni siquiera leemos o vemos las fotos”, declaró Akemmy Ramirez Hernández.



Entre esas historias se encuentra la de un niño desaparecido en la comunidad de Huitznopala, en Lolotla, cuya ficha fue incorporada. El caso les impactó por haber ocurrido en un pueblo pequeño, donde las personas suelen conocerse y la cercanía suele dar una falsa sensación de seguridad. La búsqueda movilizó a habitantes, medios y autoridades, pero con el paso del tiempo el menor nunca fue localizado.

Esa ausencia abrió una reflexión dolorosa sobre la vida en comunidad, porque en los pueblos, donde se reconoce a quien llega y se sabe quién pertenece al lugar, una desaparición rompe la confianza y deja preguntas que no encuentran respuesta. A su vez, mencionaron que el problema no está lejos, sino que sucede en territorios concretos, entre rostros conocidos, en espacios donde la vida cotidiana parecía tener otras reglas.

Franco Rodríguez destacó que uno de los mayores logros de Gol Pierde no está solo en la pieza terminada, sino en el pensamiento que la hizo posible. El proyecto llevó al alumnado a trabajar de forma colectiva, unir miradas y comprender que el arte puede dialogar con otras disciplinas y con problemas urgentes. Desde esa experiencia, la creación dejó de ser únicamente individual para convertirse en una construcción compartida, abierta al cuerpo, a la emoción y a la reflexión.



Happening en el Instituto de Artes y piezas intervenidas con fichas de búsqueda



Aunque nació como un ejercicio académico, el colectivo dejó abierta la posibilidad de continuar explorando este tema en otros espacios, incluso aquellos relacionados directamente con el fútbol dentro de la entidad, como llevar la pieza a El Reloj de Pachuca o al mismo Estadio Hidalgo, para generar nuevas interpretaciones al colocar una pasión colectiva frente a una problemática social.

Al final, este proyecto recuerda que el arte no resuelve por sí solo la crisis de desapariciones, pero sí puede abrir una grieta en la indiferencia. Puede hacer que una ficha pegada en una pared deje de ser parte del “ruido visual” y vuelva a ser un nombre, una historia, una ausencia. Y quizá ahí, en esa pausa que obliga a mirar otra vez, comience también otra forma de memoria.

Cabe destacar que la pieza fue realizada por: Eliuth Isalgas Gómez, Valeria Itzel Arroyo Viveros, José Alfredo Blancas Gómez, David Ponce Sánchez, Ashanti Sánchez González, Miguel Ángel Vera Rosales, Akemmy Ramirez Hernández, David Hernández Maya, Jazmín Ponciano Hinojosa, Eduardo Fernández Butron, Marilyn Xitlalli Pérez Melo, Erika Ayleen Cerón Olmedo, Ymir Escorcia Luqueño, Daniela Guerrero Jiménez y Alexandra Rentería Palacios.



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