Revista Gaceta UAEH

“Gallo”: jugar, estudiar y nunca rendirse


Por Eva Becerril
Fotografía: Carlos Eduardo Cruz y especial


“Gallo”: jugar, estudiar y nunca rendirse

¿Te imaginas convertir una de tus pasiones en una forma de vida? Una en la que puedas compartir tus logros, disfrutar cada victoria y mantener la mirada puesta en la siguiente meta.

Así le ocurrió a Edgar “Gallo” Martínez García, quien encontró en el fútbol mucho más que un deporte: compañerismo, identidad familiar, disciplina y una pasión que sigue viva en los torneos amateurs, donde conviven exjugadores profesionales y jóvenes que buscan abrirse camino en las canchas.

En un entorno donde los estadios reúnen multitudes y despiertan rivalidades históricas, el “Gallo” Martínez suele convertirse en ese jugador capaz de cambiar el ánimo de un equipo apenas pisa el campo. Con apenas 22 años, el futbolista originario de Jilotepec, Estado de México, ya vivió procesos en las fuerzas básicas de Toluca, entrenamientos con categorías Sub-20 y diversas propuestas de equipos profesionales.

Sin embargo, hoy entiende el fútbol desde otro lugar: como una pasión que también puede acercarlo a su familia, darle sentido a su vida y permitirle continuar con su formación educativa.



Una herencia, una pasión


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Edgar “Gallo” Martínez García, defendiendo la playera de Nápoles Lasaguil, en un torneo en Tezontepec de Aldama, Hidalgo.



Su gusto por el balompié nació prácticamente desde la infancia. En su familia, el fútbol siempre estuvo presente a través de su padre, tíos y abuelos, quienes jugaban constantemente y le transmitieron esa cercanía con el deporte.

“Todo el tiempo se me inculcó esa cultura de estar pateando un balón”, recordó el joven jugador, quien actualmente combina sus estudios de Ingeniería Civil con participaciones en torneos amateurs y semiprofesionales en distintos estados del país, como Hidalgo, San Luis Potosí y Jalisco.

Desde los cuatro años comenzó a entrenar en escuelitas locales y, conforme creció, empezó a competir en torneos estatales y equipos de mayor nivel, hasta integrarse a procesos más formativos encaminados al fútbol profesional.



Su llegada al profesionalismo


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Si bien realizó pruebas en Pachuca y Querétaro, la perseverancia terminó llevándolo a Toluca cuando tenía 16 años. Tras superar visorías y entrenamientos, inicialmente fue llamado para entrenar con la Sub-20; sin embargo, debido a su edad, terminó integrándose a la Sub-17. “Me dijeron que me iba a quedar haciendo pretemporada y pues ya después debuté. Fue todo muy rápido”, mencionó.

Pasaron cerca de dos años antes de comenzar a entrenar con la Sub-20 y posteriormente con la Sub-23. En total, permaneció más de cinco años con los Diablos Rojos, experiencia que le permitió convivir con futbolistas de alto nivel y comprender la exigencia física y mental que demanda el profesionalismo.



La “talacha”


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Aunque tuvo oportunidades para continuar en otros clubes, como Pumas o equipos de segunda división, descubrió el costo económico y emocional que implica perseguir ese sueño, por lo que regresó a casa. “Toluca estaba cerca y podía venir seguido; además tenía Casa Club, pero en Pumas no tendría esos servicios, por lo que irme sí me afectaba”, compartió.

Lejos de abandonar el deporte, “Gallo” encontró otra cara del fútbol en los torneos amateurs y semiprofesionales, en donde jugadores conocidos popularmente como “talacheros”, defienden la camiseta. En México, dedicarse a esta actividad suele ser sinónimo de gran talento en el juego, con posible pasado profesional y remuneración económica por partido.

Generalmente, se trata de jugadores con experiencia en las ligas MX y de Expansión incluso con extranjeros. Decenas de futbolistas retirados se han dedicado a esta práctica, como César Villaluz, Iván Vázquez Mellado, Enrique Cedillo, Francisco Javier “El Maza” Rodríguez e Ignacio Moreno “Nacho Porte”.

“He convivido con muchos jugadores que estuvieron en Primera División o Expansión. Todos te exigen mucho y no hay partidos fáciles”, relató al señalar que también ha jugado con extranjeros provenientes de Colombia, Argentina, Uruguay, Brasil y África, quienes llegan a México para integrarse a este tipo de torneos.



Pasión y disciplina


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Para “Gallo”, el fútbol representa una rutina permanente de disciplina, entrenamiento y autocuidado. Consideró que, aun fuera de un club profesional, el jugador debe mantenerse en constante preparación física y mental para sostener su rendimiento.

Aseguró que durante un partido, el compañerismo influye directamente en el desempeño colectivo, pues cuando existe unión dentro y fuera de la cancha, el equipo juega con mayor confianza y energía. “Cuando todos están en la misma sintonía, hasta el más nervioso se contagia y juega al ritmo del equipo”, explicó.

Esta filosofía le ha permitido seguir avanzando hacia sus metas. Actualmente, además de concluir su carrera universitaria, contempla estudiar ciencias del deporte o alguna formación técnica para continuar ligado al fútbol desde otra perspectiva.

Mientras tanto, sigue disfrutando cada partido como lo hacía de niño, entendiendo el balón no solo como trabajo o competencia, sino también como una forma de desahogo, disciplina y convivencia.



Un llamado a las juventudes


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Actualmente estudia Ingeniería Civil en el Tecnológico de Estudios Superiores de Jilotepec.



Finalmente, “Gallo” hizo un llamado a las juventudes para no abandonar sus estudios y mantenerse enfocadas en sus metas, tanto dentro como fuera del deporte. “Estudien, nunca dejen de prepararse, porque eso abre muchas puertas”, manifestó.

Asimismo, consideró necesario que existan mayores apoyos para las nuevas generaciones que buscan desarrollarse en el fútbol profesional, principalmente en transporte, hospedaje y alimentación. “Hay mucho talento, pero muchas veces no se dan las cosas por falta de oportunidades”, concluyó.